Real Betis (3-2) FC Porto: una noche mágica para no olvidar

El Betis volvió a escuchar el himno de la Champions en casa y ganó al Oporto (3-2) en partido con remontada épica.

Quedaban segundos. Pietuszewski levantó la cabeza en la banda, metió el centro y Santiago Giménez, que había entrado minutos antes con ganas de darlo todo en lo poco que iba a jugar, cabeceó solo, a bocajarro, un cabezazo digno de un 3-3 en cualquier otro partido y con cualquier otro rival pero no contra el Betis, y ¿por qué?…Porque la portería está defendida por D.Álvaro Valles, mitad humano mitad pájaro, que volando de palo a palo hizo una estirada cuando ya no había tiempo para pensar, llegando al balón y evitando el inminente empate portugués. Turpin, árbitro nefasto francés, pitó poco después. Y La Cartuja, que llevaba dos décadas esperando una noche así, se vino abajo.

No fue una parada cualquiera, y tampoco la hizo un portero común…

Valles se pasó la temporada 2024-25 sin jugar un solo minuto. Se negó a renovar con Las Palmas y rechazó cualquier destino que no fuera el Betis, el club de su infancia y de sus amores. El precio fue caro que muy pocos profesionales hubieran querido pagarlo: un año entero en la grada. Esa misma noche de estreno de Champions en Cartuja, Valles no estaba teniendo un buen partido, había regalado un balón en la salida que acabó en el larguero, y había llegado tarde a una falta que terminó en gol. Pero el fútbol a veces guarda las cuentas pendientes para el último minuto.

Para entender lo que significó esa mano hay que echar la cuenta hacia atrás. Las lesiones superadas de Isco, los llantos de emoción de Antony, el amor incondicional de Bellerín, la vuelta de Ceballos, el sentir canterano de Ortiz, la capitanía de Bartra… y 20 años, un mes y un día sin jugar como local la máxima competición. Es el tiempo que separaba el miércoles de aquel estreno ante el Liverpool, en 2005. Puede que muchos de los casi 70.000 aficionados que llenaron La Cartuja no hubieran nacido entonces. A otros les había llegado de oídas, en las sobremesas. Cuando sonó el himno, hubo lágrimas en las gradas, muchos recuerdos a aquellos que no están y uno especial, a la pequeña Sandra Peña, que nos dejaría un mismo día del año pasado.

45 minutos llamando al gol

Manuel Pellegrini lo había advertido en la previa: el Oporto suele salir jugando por dentro y había que morderle ahí. Su equipo lo cumplió al pie de la letra. A los dos minutos, Valles buscó en largo a Abde, que se fue de su par y obligó a Diogo Costa a lucirse con un disparo raso. Poco después Ángel Ortiz robó arriba, combinó con Isco y dejó a Marc Roca delante del portero. El remate se marchó fuera por centímetros. Era el guion soñado: laterales altísimos, Roca e Isco haciéndose notar mandando en el centro, Abde convertido en un problema sin solución por la izquierda, Antony y Deossa combinando por la derecha. Antes del descanso, Costa ya había hecho cuatro paradas.

Pero el Porto, campeón portugués e invicto en su liga, no había venido a Sevilla a ser un mero espectador. En el minuto 8, un despeje defectuoso de Valles dejó a André Silva solo. El delantero intentó una vaselina, Natan llegó a tocarla y, en la confusión, Silva cabeceó al larguero. Fue el primer aviso.

El segundo llegó en el 40. Martim Fernandes cazó un balón suelto y soltó una volea que tocó la parte baja del larguero y botó dentro. La tecnología de línea de gol avisó a Turpin. Durante unos segundos, La Cartuja se quedó muda. Aquí se hizo gala la veteranía de Bartra, quien aguantó tirado en el suelo esperando revisión del VAR, pasó el tiempo, y siguió protestando hasta que el francés hasta que llamaron al árbitro francés: en la jugada previa, Borja Sainz había intentado una chilena y había tocado el balón con la mano. Gol anulado. Cartuja respiraría aliviada. Al descanso, 0-0. Un marcador que Pellegrini calificaría después de bastante injusto, y con razón: el Betis había llevado el peso del partido en casi todo, y es que el Betis realizó 13 tiros a puerta en 45 minutos.

La segunda parte que se jugó tres veces

Parte 1: monumental gol de Abde

El premio llegó nada más volver. Minuto 47: Fran García avanzó por dentro, arrastró a su marca y abrió para Abde, que se quedó solo en el pico del área. Se perfiló con el interior del pie derecho y dibujó una rosca a la escuadra que Diogo Costa solo pudo mirar. Golazo, a la grada le costó unos segundos reacciomnar porque lo que acababan de ver les había causado un flash de incredulidad tremenda… ¿Qué acababa de ocurrir?¿ Era posible que ese balón de Abde hubiera dibujado una curva tan perfecta que hubiera entrado por toda la escuadra? Golazo.

Tres minutos después, Antony le robó un pase horrible a Alan Varela y, con el portero vencido, estrelló el balón en el poste. Era el 2-0. No está teniendo suerte el brasilero esta temporada con el gol, pero la verda que lo que da en ataque pocos jugadores pueden aportarlo en el fútbol actual, es un constante peligro, con un juego vertical lleno de amagos y de pases correctos resulta muy difícil su defensa a los equipos rivales. Hasta el empate que estaba por llegar, el Betis había rematado 15 veces por dos del Oporto. Y entonces el partido cambió de dueño.

Parte 2: remontada de Porto

En el 54, Gabri Veiga, gallego de O Porriño, clavó una falta directa desde unos 25 metros que Valles llegó a tocar sin poder detener. El empate encendió una tangana, y Turpin tuvo que calmarla con tres tarjetas amarillas de golpe, en este sentido, el Betis no tenía nada que hacer contra un grande de Europa como Porto, otro gallo hubiera cantado si en vez del Betis hubiera sido Real Madrid o Arsenal, por ejemplo. En la celebración las provocaciones de los portugueses sobraron y no fueron debidamente castigadas.

Farioli movió el banquillo: triple cambio en el 59. Dos minutos después, Samu Aghehowa, nacido en Melilla y criado en Sevilla, tiró una pared con Pepê en la frontal en su estreno en la Champions. Soltó un misil que entró tras tocar el larguero. El Oporto había necesitado catorce minutos para darle la vuelta. El Betis estaba grogui y viejos fantasmas derrotistas cruzaban los vomitorios de las gradas de Cartuja.

Parte 3: El retorno del Betis

Pero este no es el Betis que guarda la conciencia colectiva, este es el Betis de Pellegrini, el Betis de Europa, el que cuando más rendido parece, amanece y vuelve a resurgir. Era el turno del chileno, Pellegrini movería ficha. En el 62 entraron Ceballos y Cucho Hernández. Doce minutos después, Antony encaró a Francisco Moura, se fue hacia dentro y la puso atrás para que el colombiano la cruzara junto al palo. 2-2. La Cartuja volvió a creer. Cuchismo al poder.

El golpe definitivo lo dio un chaval de la casa. En el 84, Ángel Ortiz, canterano de Almendralejo y titular en el lateral derecho, se coló en el área y Moura lo derribó. Le costó también su tiempo, pero al final Turpin fue al monitor y señaló penalti. Isco cogió el balón y engañó a Costa con un disparo cruzado. 3-2. Isco cerraba el ciclo de recuperación. Había vuelto a lo más alto del fútbol volviendo a ser determinante, recordando a una de las frases célebres que definen perfectamente al conjunto verdiblanco: «El Betis fue mil veces alanceado, pero nunca muerto».

Y la parada de Valles

Quedaba la última angustia: Giménez, tres remates en once minutos, un disparo de Kiwior y esa mano de Valles. Aún hubo tiempo para un último calentón en el banquillo visitante, con la expulsión de Lino Godinho, ayudante de Farioli.

Al otro lado del Guadiana

En Portugal, la derrota dolió por partida doble. La Cartuja es el estadio donde el Oporto ganó la Copa de la UEFA de 2003 ante el Celtic, y la prensa lusa no dejó pasar el simbolismo. A Bola echó mano del refrán que aconseja no volver al lugar donde uno fue feliz y tituló que el Oporto «perde e dá razão ao povo». Observador habló de un corazón enorme perdido por un talón de Aquiles.

Francesco Farioli no escondió su frustración. A su juicio, su equipo movió bien el balón en los primeros setenta metros, pero se precipitó al llegar arriba. Aseguró que pudieron marcar dos o tres goles más y resumió la noche ante O Jogo en tres palabras: «Merecíamos algo mais». Su equipo suma cero puntos tras dos jornadas y ocupa el puesto 29.

El análisis de Portugoal apuntó a un duelo concreto: Antony contra Francisco Moura. El lateral izquierdo, al que Farioli llevaba casi un año sin dar la titularidad con continuidad, jugó porque Bednarek estaba sancionado y Zaidu no estaba en condiciones. Antony lo superó en el 2-2 y Moura derribó a Ortiz en el penalti del 3-2. Farioli, aun así, se negó a cargarle la derrota.

El vestuario portugués hizo autocrítica. Pepê reconoció en Record que les faltó calma para sostener el 1-2 y contó que el técnico les había pedido paciencia en el descanso. André Silva asumió la responsabilidad ante Sport TV: en lugar de gestionar la ventaja, el Oporto acabó jugando el partido que quería el Betis. Victor Froholdt fue el más revelador. Le contó a A Bola que habían preparado específicamente las transiciones verdiblancas, y aun así sufrieron con ellas los noventa minutos.

Los nombres de la noche

Abde. Si hubo un futbolista que explicó el partido, fue él. Flashscore y Sofascore lo eligieron como el mejor (8,4 en la segunda). Cinco remates, dos entre los tres palos, un gol de los que se ven en bucle y 0,76 de asistencias esperadas. Ganó ocho duelos, recuperó cinco balones y llevó la pelota en conducción 204 metros hacia delante. Pellegrini lo ve más maduro y con margen para seguir creciendo. Viendo el miércoles, cuesta imaginar el techo.

Ángel Ortiz. Un canterano en el lateral derecho, en la noche más grande del Betis en veinte años, ante el campeón de Portugal. Robó el balón de la ocasión de Roca, obligó a Costa a estirarse y provocó el penalti decisivo. Hay partidos que convierten a un chaval en jugador del primer equipo. Este fue uno de ellos.

Isco. El capitán marcó el gol que valía tres puntos y habló como quien sabe lo que cuesta volver. Agradeció a la afición los veintiún años de espera, admitió que al equipo le quedan muchas cosas por mejorar y dejó claro que este Betis no ha ido a Europa de excursión. Luego dijo una frase que resume sus últimos años, lesión tras lesión: «Me han dado muchas veces por muerto y me niego».

Marc Bartra. Campeón de Europa con el Barcelona, veterano de grandes noches en Dortmund. Aun así, en la víspera reconoció que con el Betis la Champions se vive distinto, porque «tienes ese sentimiento de pertenencia». Recordó también que tenía 14 años la última vez que el Betis jugó la competición, y pidió pensar en los niños que la verían por primera vez. En el césped fue una roca: anticipación, juego aéreo y una salida de balón sin sobresaltos.

Álvaro Valles. Su noche fue una montaña rusa: el balón perdido del minuto 8, la falta de Veiga y la mano del final. Cuando el Betis certificó la Champions en mayo, escribió que «Estas lágrimas solo las entendemos nosotros que tanto hemos sufrido». El miércoles volvió a entenderse por qué.

Manuel Pellegrini. Siete temporadas en Heliópolis y la misma calma de siempre. Lo que más valoró fue que su equipo no perdiera la cabeza con el 1-2, y habló de una «doble alegría: primero, porque ganamos para nuestra afición». La segunda alegría era la manera de ganar.

Al final, eso es lo que deja la noche: un Betis que ganó en Lille al líder francés y en casa al líder portugués. Lo hizo con un canterano en el lateral, un portero de la casa bajo palos y un capitán al que muchos daban por acabado. Identidad y ambición, a partes iguales.

Real Betis FC Porto: El partido en números

Los números del partido dibujan bien lo que se vio. El Betis tuvo el 56 % de la posesión, remató 17 veces por 11 del Oporto (7 a puerta por 5) y generó 1,59 goles esperados frente a 0,91. Con un número de llegadas al último tercio casi idéntico (51 por 48), el Betis acertó en el 83 % de sus acciones en esa zona y el Oporto, en el 61 %. Los portugueses, eso sí, fueron más afilados: con menos volumen tuvieron tres ocasiones claras por dos del Betis y marcaron dos goles con muy poco.

Las cuentas de enero

Con seis puntos de seis, el Betis es noveno, empatado con el octavo. En este formato, los ocho primeros pasan directamente a octavos de final, del noveno al vigesimocuarto juegan una eliminatoria previa y el resto se queda fuera. Por ahora, lo que separa al Betis del pase directo es la diferencia de goles: lleva +2, fruto de dos victorias por 3-2.

La referencia de la primera edición del formato (2024-25) da una pista: el octavo cerró con 16 puntos. Al Betis le faltan unos diez en seis partidos. El camino está marcado:

La ecuación más realista empieza por ganar los tres partidos más asequibles: Feyenoord y Como en casa y la visita a Bratislava. Serían quince puntos. Después, arañar algo ante uno de los grandes (en Dortmund, ante el Arsenal en casa o en Múnich) para llegar a la cifra mágica. Y, entretanto, cuidar la diferencia de goles, primer criterio de desempate en una tabla donde muchos equipos irán igualados.

Pellegrini prefiere no hacer cuentas. Los objetivos, repite, se celebran cuando las matemáticas lo dicen. Pero esta vez se permitió una concesión: admitió que el equipo va en el camino correcto. El miércoles que viene, ante el Feyenoord, La Cartuja tiene otra cita con la historia. Y esta vez ya no habrá que esperar veintiún años.

Ficha técnica

  • Real Betis 3 – FC Porto 2 (0-0 al descanso). Segunda jornada de la fase de liga de la Champions. Estadio de La Cartuja, casi 70.000 espectadores.
  • Real Betis: Álvaro Valles; Ángel Ortiz, Bartra, Natan, Fran García; Marc Roca, Deossa; Antony, Isco, Abde; Troy Parrott. También jugaron Ceballos, Cucho Hernández, Fornals, Bernal y Riquelme.
  • Oporto: Diogo Costa; Martim Fernandes, Rosario, Kiwior, Francisco Moura; Froholdt, Varela, Gabri Veiga; Borja Sainz, André Silva, Pepê. También jugaron Alberto Costa, Pietuszewski, Samu, Hwang In-beom y Santiago Giménez.
  • Goles: 1-0, Abde (47′). 1-1, Gabri Veiga (54′). 1-2, Samu (61′). 2-2, Cucho Hernández (74′). 3-2, Isco, de penalti (84′).
  • Árbitro: Clément Turpin (Francia). Amonestó a Deossa, Abde, Ceballos y Ortiz por el Betis, y a André Silva, Varela y Giménez por el Oporto. Expulsó a Lino Godinho, ayudante del técnico visitante.

Las declaraciones:

Isco: «Me he besado el escudo porque el Betis me ha devuelto la ilusión.»

Leave a Comment