Esnaola, la semblanza bajo los palos

Un mito viviente para el beticismo, un semidiós que alcanzó la gloria en una noche de primavera en la tierra prometida del Calderón. Pero su leyenda va más allá del recuerdo un solo partido, de un triunfo, su vida continuó ligada al Real Betis como profesional 40 años.

Conoce con Verdeando a José Ramón Esnaola, el portero de Andonain que terminó convirtiéndose en leyenda de las Trece Barras…

El pelotari de La Palmera

José Ramón Esnaola Larburu, como tantos otros grandes campeones verdiblancos, fue un jugador llegado del norte que terminaría conquistando nuestra tierra por su buen hacer. Sobrio, callado, pero a su vez transgresor y visionario. Se convirtió en el máximo exponente de una nueva forma de entender la actuación del guardameta, rompiendo las reglas establecidas que entendían la figura del portero como un mero espectador del juego. Su utilidad vendría dada por su inteligencia, por sus manos y por sus pies. Esnaola creó una forma especial de entender la soledad de su puesto en el campo, queriendo participar en la distribución de pases con los pies. Y es que, su potente tren inferior, le permitió convertirse con sus saques en un asistente más, buscando a la delantera desde la portería saltándose toda elaboración de juego.
_box_item][/mix_box]

Relatos de un portero

La Final del Calderón

Todo bético crece atendiendo con expectación las historias contadas por sus mayores con más emoción que exactitud. En muchos de estos relatos, los protagonistas son ídolos, por lo que suelen son exagerados y llevados casi a la fantasía. Pero otros no tanto, parten de crónicas ajustadas a la realidad, como por ejemplo, los cantares dedicados al propio Esnaola. Entre ellos el del acontecimiento ocurrido un 25 de junio de 1977, final de la primera Copa del Rey, una tanda de penaltis en la que el Gorriti llegó a atajar 4 penaltis (uno volvió a repetirse) y como no, el duelo que mantuvo con su alter ego el Chopo Iribar, gran portero e icono del fútbol vasco y nacional. Aquí no hay discusión. Esnaola ha sido reconocido por profesionales, aficionados y prensa como el mejor portero de la historia del Real Betis y no solo por este legendario partido, sino por una larga trayectoria defendiendo los arcos del Villamarín donde intercambió acertadas intervenciones por triunfos. Su personalidad era trasladada al terreno de juego en forma de seriedad y respeto tanto con los contrincantes como con los colegiados. Nunca tuvo una mala palabra hacia el equipo competente, ni un solo reproche. Incluso fue aplaudida su aparición por la afición rival en un homenaje realizado a Pablo Blanco, histórico jugador nervionense.

Recuerdos de una tarde...

Fue mi primera entrevista. Con 12 años (1993), nos encargaron en el colegio realizar un trabajo periodístico de campo, lo típico de reporterismo local para niños que consistía en hacer una entrevista a algún personaje, famoso o conocido de la localidad. Por suerte, teníamos muchas figuras entre las que elegir: un Alfonso Grosso sumido en la enfermedad cruel del olvido; un José María Pérez Orozco, voz televisiva de programas de Canal Sur, el cantaor El Cabrero, triunfante con su arte en distintas giras mundiales; la artista Ana Reverte que pegaba fuerte con sus Colombianas o el banderillero Andrés Luque Gago, toda una enciclopedia del mundo taurino y muy participativo en la vida social de Valencina. A mí y a mis compañeros de grupo, como a la mayoría de niños de 12 años, nos encantaba el fútbol, y el Betis comenzaba a ser algo importante en nuestras cortas vidas. Elegimos a Esnaola como el objetivo principal de nuestra redacción. Vecino de la barriada San José, teníamos la oportunidad de verle protagonizar varios de los carteles históricos que adornaban la Peña Bética de Valencina. El portero aún sigue dejándose ver en la Peña, ya cada vez menos, pero su sola presencia da luz al enorme edificio que sirve de acogida a muchos béticos de la zona. Para nosotros, este trabajo era la excusa perfecta con la que poder acercarnos a tal señor, tan serio y callado a su vez, tan admirado por nuestros mayores y al que todos los vecinos saludaban con reverencia y emoción. Por entonces, trabajaba como entrenador de porteros del club. Aquella tarde, tras cumplir los horarios rutinarios en casa dedicados a estudio y merienda, me dirigí en mi bicicleta BH California naranja (estaba de moda) hacia el chalé de José Ramón con la intención de hacer realidad la entrevista. Había quedado allí con un compañero del grupo, Marcelino, que jugaba de portero en nuestro equipo de infantiles y al que le hacía incluso más ilusión que a mí ejecutar el trabajo. La entrevista en sí no tendría ningún valor (preguntas típicas de niño), por lo que mis recuerdos van de la forma de ser del propio Esnaola, de la enorme educación que demostraba y el aro majestuoso que transmitía. Sus respuestas fueron concisas, escuetas y pacientes, estaba claro que no éramos los primeros ni los únicos niños en realizar tal trabajo con el propio jugador. Fue todo muy rápido ya que el portero tenía prisa. Al final, nos dio un vaso de agua a cada uno. El trabajo sería entregado a fecha, algo que ya era un logro.

¿Cómo jugaba nuestro portero?

Con 1,74 de altura, no se pude considerar que Esnaola fuera un portero al estilo usual de porteros del norte, porteros de talla (por ejemplo, el propio Iríbar mide 1,85). Tuvo que potenciar otras características que iban más allá de su físico, aquellas que le hicieron competitivo ante tantos rivales de demarcación más altos y anchos. Si por algo destacó fue por su regularidad bajo palos, generando la necesaria confianza en sus compañeros hasta el punto de que, diversos entrenadores, contaran con él como primer portero en 15 temporadas. La confianza se la ganó con la seguridad y atención que demostraba bajo palos, era un portero pendiente al juego con máxima concentración los 90 minutos de partido. Estos atributos eran compaginados a la perfección con una personalidad seria en el campo, con cierta agilidad y un juego de pies realmente preciso. Sus manos se encontraban sin protección en cada partido, no usaba guantes. Como buen pelotari, necesitaba el contacto directo de la palma de la mano con la bola para encontrar aquellas sensaciones que le permitiera hacerse grande debajo de los palos. Su perfil tampoco era innato, había mucho trabajo atrás. Durante la semana, estudiaba al rival a través de la visualización de partidos, seguramente sin él saberlo, fue uno de los primeros jugadores en introducir el “scouting” como parte de una metodología rutinaria y específica de entrenamientos de porteros. También era conocido por la rápida ejecución en la toma de decisiones. Se recuerdan sus saques de ajuste milimétrico. El propio Esnaola cuenta que, siendo joven, su tío, al verlo sacar, le comentó que los balones de sus saques bajaban con nieve, haciendo referencia a la enorme altura que cogían. Desde entonces, practicaría un tipo de saque de menor parábola y de línea más baja, con una precisión casi nunca vista y una ejecución espectacular. Esta concentración le permitió perfeccionar el saque a bote pronto, con el que buscaba sorprender a las defensas rivales, convirtiéndose en un arma ofensiva del equipo con el que poder montar contraataques. La forma de sacar sería copiada durante años por los jóvenes béticos que intentaban imitar en el fútbol de calle al portero vasco.

Larga vida deportiva

Entre Real Sociedad y Real Betis
Nacido en Andoain (Gipuzkoa,1946) comenzó sus andaduras por la élite del fútbol con 19 años en el equipo de su tierra, la Real Sociedad, donde militaría 8 temporadas. Fichó por el club heliopolitano en julio de 1973 de la mano del presidente José Nuñez Naranjo, siendo el entrenador Ferenc Szusza. Pepe Naranjo, gran gestor que siempre buscó el equilibrio en las cuentas béticas, estaba armando un equipo sólido para ascender y, saltándose sus propias reglas sobre gasto, fichó al portero guipuzcoano , apostando tan fuerte que llegó a invertir por él 12 millones de pesetas, lo que la operación llegó a convertirse en el fichaje más caro de la historia bética hasta el momento. Esnaola formaría parte de la primera plantilla hasta su retirada en 1985. En total, jugaría como bético 460 partidos oficiales en Liga, Copa del Rey, Copa de la Liga, UEFA y Recopa de Europa. Cómo bético solo ha sido superado por Joaquín en minutos disputados. Estuvo presente en los dos títulos coperos, en el de 1977 como jugador y en el del 2005 como parte del estaf técnico. Aunque el Club no siempre actuó con decoro con él, su compromiso siempre estuvo presente. Se jubiló de sus funciones como entrenador de porteros en 2013 a los 67 años. Hoy continua ejerciendo como seguidor bético y recordando con su “cuadrilla” campeona del 77 cada último jueves de mes momentos de fútbol en verdiblanco.

fue la despedida, pero no un adiós

José Ramón Esnaola se retiraba del Betis y del fútbol como jugador en activo a los 39 años. Estuvo en total 12 años defendiendo nuestra portería dejando una huella imborrable. La participación aquel año en el equipo fue crucial. Continuaba siendo portero titular y nadie se esperaba la decisión del club de no renovarle. El palo fue tan grande para el portero que decidió colgar los guantes. El ABC, por medio del periodista y maestro Manuel Fernández de Córdoba, publicaría el 3 de julio de 1985 todo lo acontecido en la retirada del portero afincado en Valencina. Esnaola volvería al Betis en 1986, para formar parte del cuerpo de técnicos de cantera. Aquí recogemos el artículo publicado por Fernández de Córdoba (también leído en Manquepierda): Hablas con José Ramón al filo mismo de sus vacaciones. “He esperado unos días y nadie, nadie me ha dicho nada, ni he recibido una carta ni se me ha comunicado nada, ni se me ha citado para ninguna conversación, ni nada de nada. Esto es todo lo que hay; no hay más. ¿Qué si me he ido ya del Betis? Ahora mismo tengo, podríamos decir, la libertad, pero no sé si es que esperan a que se resuelva lo de Gordillo, algún problema económico o lo que sea para que ya se dé por cierto que cause baja. Pero eso sí, el día que me vaya del Betis—y ahí se le quebró un poco la voz a Gorriti—será como vine: de puntillas, en silencio, como siempre fui”. Y uno recuerda aquel verano de hace mucho tiempo, cuando llegó al hotel Alcázar y paseó—lejísimo de su playa donostiarra—por los jardines de Murillo y se asfixió de calor, y pensó en volverse cuando entonces quizás no sabría que se quedaba para siempre. Se amontonan los recuerdos y más ahora, cuando a mucho Betis—a muchos de los que mandan en el Betis, que parece lo mismo, pero no es igual—les está fallando la memoria histórica, los gestos y hasta las maneras. Ciertamente el vendaval Gordillo lo tiene todo dislocado, pero pienso que hay nombres y hombres que merecen, siquiera, las buenas maneras y las decisiones prontas, aunque sean difíciles. Lo que no es de recibo es que José Ramón Esnaola esté como está: esperando que alguien le diga algo, esperando que, siquiera, si es que es eso lo que quieren decirle, le digan adiós,  aunque él después se vaya en silencio, como llegó. Repasen cifras y datos de su trayectoria verdiblanca y entran escalofríos. Repasen los concretos de la temporada que pasó: todos los partidos jugados, jamás un “cero” en ninguna puntuación de los medios de comunicación, toda la primera vuelta de la Liga con el equipo imbatido fuera, dos semifinales coperas y—ahí la memoria histórica de un club histórico—el recuerdo. Pasado de oro. Presente que sólo admite un pero: Que el Betis necesita preparar un futuro. Me parece muy bien. Que fichen a quien quieran y que éste—si puede—lo quite. Quien se ganó partido a partido y temporada a temporada la palabra indiscutible en la titularidad no puede ni debe ser quitado en un despacho. Ni mucho menos con silencio. Porque su propio historial en verdiblanco le hace acreedor a los mayores clamores."

Un entrenador curtido en mil batallas

El Betis pensó contar con Esnaola una vez retirado para su staf técnico como preparador de porteros. A sus órdenes, han pasado una gran cantidad de porteros béticos como Diezma, Doblas o Pinto. Del ex del Barça declaró en una entrevista que fue su mejor pupilo, “el que mejor trabajaba, era extraordinario, impresionante. Siempre quería más, cansaba hasta al entrenador”. Entrenó a distintas categorías inferiores y al Betis B en las temporadas 1998-99 y 1999-2000, años en la que tuvo la oportunidad de dirigir a jugadores como Doblas, Juanito, Arzu, Rivas, Dani, Joaquín o Varela, generación que tocada con una varita mágica que acabaría siendo campeona de la Copa del Rey en 2005. José Ramón dirigió al primer equipo en muy malos momentos. Por primera vez en la temporada 90-91, en el periodo comprendido entre la jornada 25 y el final de campeonato, curso en el que desgraciadamente se firmó el descenso de categoría. Al año siguiente, volvería a ocupar el banquillo como primer técnico sustituyendo a otro portero entrenador, el argentino Jorge D'alessandro.

Resumen en datos

Temporada inicio: 65/66 Temporada retirada: /84/85 Temporadas en primera siendo primer portero de la plantilla: 15 Temporadas en segunda siendo primer portero de la plantilla: 3 Total de temporadas disputadas: 20 Expulsiones: 1 Equipos en los que ha jugado: 2, Real Sociedad y Real Betis. Números de partido como titular en ambas categorías: 557 (2 equipos) Posición Puntuación total: 328,061, tercera posición como mejor portero nacional tras Paco Buyo y Andoni Zubizarreta. (Este índice se consigue aplicando los coeficientes de baremación según partidos disputados, goles anotados y tarjetas rojas exhibidas)