El fútbol pensado con la zurda: Julio Cardeñosa

Once temporadas vistiendo la verdiblanca con una forma de entender el fútbol diferente. Julio Cardeñosa convirtió su zurda, su visión de juego y su inteligencia en una de las señas de identidad del Betis de los años setenta y ochenta. Campeón de Copa en 1977 e internacional con España, permanece como uno de los grandes centrocampistas de la historia del Real Betis.

Procedencia: Real Valladolid
Ficha por el Real Betis en la temporada 1974-75 Posición: Centrocampista / interior izquierdo Partidos oficiales: 412 Goles oficiales: 58 Retirada deportiva: 1985 (Real Betis Balompié)

Cardeñosa llegó a Sevilla en el verano de 1974 procedente del Real Valladolid. Tenía 24 años y un físico que no respondía al molde dominante de la época: fino, ligero, aparentemente frágil. Pero bastaban unos minutos con el balón en los pies para comprender que su fútbol se jugaba en otro lugar: en la cabeza. Antes de recibir ya parecía conocer el siguiente pase. Su juego se construía con controles orientados, cambios de dirección, desplazamientos largos y una zurda capaz de encontrar espacios que los demás todavía no habían visto. No necesitaba imponerse mediante la fuerza. Lo hacía mediante la inteligencia. Durante once temporadas, entre 1974 y 1985, disputó 412 partidos oficiales con el Real Betis y marcó 58 goles. Desde el interior izquierdo organizaba, asistía, llegaba al área y marcaba el ritmo. Podía detener una jugada para atraer al rival y, un instante después, acelerar todo el partido con un pase vertical. Su figura quedó ligada para siempre al Betis de finales de los setenta y comienzos de los ochenta. Un equipo técnico, reconocible y valiente que encontró en Cardeñosa a uno de sus grandes intérpretes. Durante años, Heliópolis miró el partido desde sus ojos y lo jugó con su zurda.

Sobre la final de Copa del Rey de 1977

La Copa del Rey de 1977 ocupa un lugar central en la trayectoria de Cardeñosa. Aquel Betis de Esnaola, Biosca, López, Alabanda, Benítez y tantos otros alcanzó la final ante el Athletic Club después de una competición que terminaría marcando a toda una generación verdiblanca. En el Vicente Calderón, Cardeñosa volvió a ocupar su lugar natural en el centro del juego. El partido fue una sucesión de golpes, respuestas y momentos límite. Carlos adelantó al Athletic, López empató antes del descanso y, ya en la prórroga, Dani volvió a poner por delante al conjunto bilbaíno. El Betis necesitaba otra vez un gol. El reloj avanzaba y la Copa parecía alejarse. Entonces, en el minuto 111, apareció la zurda de Cardeñosa. Una falta lanzada por el vallisoletano llegó hasta el segundo palo y López convirtió el 2-2 que mantenía vivo al Betis. No fue un gol suyo, pero la jugada contenía buena parte de su fútbol: pausa, precisión y la capacidad de colocar la pelota allí donde podía cambiar un partido.
El empate llevó la final a una tanda de penaltis interminable. Cuando terminó, ya era domingo y el Real Betis era campeón de la primera Copa del Rey. Cardeñosa quedaba para siempre unido a aquella noche y a una generación que escribió una de las páginas esenciales de la historia del club. Pero su fútbol no terminó en el Calderón. Meses después, el 30 de noviembre de 1977, debutó con la selección española en Belgrado, en un Yugoslavia-España decisivo para la clasificación al Mundial de Argentina. De un centro suyo nació el remate de Rubén Cano que dio a España el 0-1 y el billete mundialista. Cardeñosa disputaría ocho partidos con España y participaría en el Mundial de 1978 y en la Eurocopa de 1980. Su paso por Argentina quedó condicionado en la memoria colectiva por una ocasión frente a Brasil, pero reducir su carrera internacional a aquella jugada sería olvidar todo lo que había hecho para llegar hasta allí. Había llegado a la selección porque su fútbol había traspasado las fronteras de Heliópolis. Porque veía antes. Porque entendía antes. Porque, cuando el balón llegaba a su zurda, muchas veces el partido ya estaba pensado.
Durante once temporadas, Cardeñosa hizo del Betis su equipo y de Sevilla su hogar. Permaneció en Heliópolis hasta 1985, cuando puso fin a su carrera como futbolista después de 412 partidos oficiales y 58 goles con la camiseta verdiblanca. Su relación con el club no terminó al colgar las botas. Trabajó como secretario técnico, pasó por el juvenil y por el filial y, en las últimas jornadas de la temporada 1989-90, se hizo cargo del primer equipo. El Betis logró el ascenso a Primera División y Cardeñosa resumió aquel momento con la misma serenidad con la que había jugado durante tantos años: “He cumplido con mi deber y siento una alegría inmensa”. Su verdadera herencia, sin embargo, no cabe únicamente en cargos, partidos o estadísticas. Permanece en la memoria de quienes lo vieron jugar y en una determinada idea del fútbol: la de que un encuentro también puede dominarse desde la calma, la inteligencia y la imaginación. No necesitó correr más que nadie. Le bastó con pensar antes.

Final de Copa del Rey 1977