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Somos los béticos exigentes. Puestos a exigir…

Me uno a esa corriente de los llamados béticos exigentes, una ola de opinión mediática en la que se cree que silbando al equipo, insultando al que anima y poniendo al vecino como ejemplo nos irán mejor las cosas. Una corriente que, curiosamente, siempre aparece cuando el viento sopla regular, pero jamás cuando toca arrimar el hombro. Porque exigir es gratis, claro; lo caro es comprometerse, apoyar, entender el contexto y tener memoria. Eso ya no interesa. Interesa la pose, la frase lapidaria, el “yo lo dije” y el “esto con la exigencia no pasaba”.

Puestos a exigir, yo también exijo, ahí dejo mi decálogo de exigencia:

Béticos exigentes, el decálogo

1.- Exijo que en el descanso vaya 10 a 0 ganando el Betis, siendo los 10 goles de chilena. Nada de goles normales: chilena o nada. Y si puede ser desde fuera del área, mejor.

2.- Exijo que los tres cambios se hagan en el descanso. Si el míster espera al 46, ya vamos tarde. La excelencia no entiende de minutos.

3.- Exijo que en la segunda parte se pierda todo el tiempo del mundo, y que abandonemos las gradas del Villamarín si en el 70 no se va ganando mínimo de 3 goles. La fidelidad se mide en victorias, no en apoyo. Eso dicen los exigentes.

4.- Exijo que los rivales sean todos inferiores al Betis. Que compitan, pero poquito. Que no molesten. Que sepan cuál es su sitio.

5.- Exijo que no haya partido, que se repartan los puntos según el Estadio y su capacidad. Por lo que, con un Eibar y con un Girona, exijo los 12 puntos sin que los jugadores se bajen del autobús. El fútbol moderno, pero bien entendido.

Ir al Estadio no es de bético exigente

6.- Exijo no ir al Benito Villamarín si se pierde en la jornada anterior. Quedarme en mi casa. El apoyo incondicional es para otros; yo soy exigente, no bético de verdad.

7.- Exijo que hagan a la SER cadena oficial del Estadio, y que pongan de speaker a Valenzuela. La objetividad por decreto.

8.- Exijo que el equipo de baloncesto pase a ser una sección del otro equipo de la ciudad. Todo lo que no sea fútbol no me interesa, y como no me interesa, es una lacra para el club. Así funciona la visión moderna del deporte.

9.- Exijo utilizar la palabra exigencia en cada comentario y post en redes sociales, y quien no lo use será acusado de palmero. Palmerín sea el primer palmero sacrificado; lo quitaremos de mascota para que cunda el ejemplo, exijo, y vayan tomando “buena nota”.

10.- Exijo un nuevo entrenador cada lunes, y que ponga la alineación que le pase en una servilleta de bar cutre de Triana. La táctica, cuanto más improvisada, más auténtica.

Así lograremos un Betis grande…

Pero será un equipo prepotente y arrogante, que juegue las finales hasta de la Playstation, y todo en menos de una semana. Un Betis que no necesite cantera, ni proyecto, ni paciencia, ni identidad. Este Betis que gane por decreto, que arrase por obligación y que nunca falle porque fallar es de débiles. Un Betis que no se parezca en nada al Betis real. El Betis que emociona, que desespera, que enamora y que te hace volver aunque jures que no vuelves más.

Como veis, a mí, como bético exigente, no me gana nadie. Pero, entre tú y yo, prefiero seguir siendo bético del de verdad: el que anima, el que sufre, el que celebra, el que recuerda de dónde viene y hacia dónde quiere ir. El que entiende que la exigencia sin apoyo es solo ruido. El que sabe que el Betis es mucho más que este decálogo irónico que, por desgracia, algunos se toman demasiado en serio.

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