El problema del Betis no es Pellegrini, es la memoria del beticismo
Hay algo que empieza a ser preocupante en el entorno del Real Betis Balompié: estamos perdiendo la memoria.
Porque sí, el equipo ha caído en Europa. Sí, la eliminación duele. Y sí, hay decisiones que se pueden discutir. Pero de ahí a señalar a Manuel Pellegrini como el problema… hay un salto que no se sostiene. O peor aún: que solo se sostiene desde el olvido.
Conviene hacer un ejercicio sencillo. Mirar atrás. No hace tanto.
El Betis era un equipo inestable, imprevisible, capaz de lo mejor y de lo peor en cuestión de semanas. Europa no era una obligación, era un premio. Y cuando se conseguía, duraba lo que duraba.
Hoy, en cambio, discutimos eliminaciones en cuartos de final como si fueran un fracaso estructural.
Ese cambio de percepción no es casualidad. Tiene nombre propio.
Uno de los grandes errores del entorno bético es no saber gestionar el crecimiento. Se ha pasado de exigir competir… a exigir ganar. De valorar la estabilidad… a despreciarla. De construir… a querer recoger sin asumir el proceso.
Y en ese camino, cualquier tropiezo se convierte en argumento para hablar de “fin de ciclo”.
¿Fin de ciclo por qué? ¿Por una eliminatoria? ¿Por no dar un salto que, siendo realistas, todavía está en construcción?
Porque aquí aparece otro de los “porqués” que se están utilizando: la no clasificación para Champions.
Y conviene ponerla en contexto.
Clasificarse para la UEFA Champions League no es solo cuestión de dar un paso adelante. Es entrar en una dimensión distinta, donde la exigencia, la plantilla y la estructura del club cambian por completo.
Ahí están ejemplos recientes como Villarreal CF o Athletic Club, que han conseguido dar ese salto… para convertirse en muchos casos en equipos que compiten, sí, pero sin capacidad real de pelear la competición. Sparrings de lujo en un escenario que todavía les queda grande.
¿De verdad ese es el baremo inmediato para medir al Betis?
¿De verdad no estar en Champions convierte automáticamente la temporada en un fracaso?
Da la sensación de que los futbolistas aparecen solos, como si el escudo bastara para atraer talento en cualquier circunstancia. Pero el fútbol no funciona así.
Futbolistas como Isco no llegan a cualquier sitio. Y jugadores como Antony no eligen cualquier proyecto para relanzar su carrera.
Llegan porque detrás hay una figura que transmite credibilidad, estabilidad y una idea de fútbol reconocible. Llegan porque hay un entrenador que genera confianza.
Y ese entrenador es Manuel Pellegrini.
Lo realmente preocupante no es perder una eliminatoria. Lo preocupante sería perder al técnico que hace posible que este tipo de jugadores quieran vestir la camiseta del Betis.
¿Se puede criticar a Pellegrini? Por supuesto. Ha habido partidos mal gestionados. Decisiones discutibles. Momentos donde el equipo ha ofrecido menos de lo esperado.
Pero incluso con todo eso, sigue siendo el entrenador que ha llevado al Real Betis Balompié a competir de forma continuada en Europa, a ganar un título y a tener una identidad clara sobre el césped. Y no solo eso: el crecimiento europeo del equipo es evidente. El año pasado alcanzó una final continental, y esta temporada ha sido capaz de romper por fin el techo de los octavos de final en la UEFA Europa League. Lo que antes era un límite, hoy empieza a ser un punto de partida.
Criticar no puede significar olvidar.
El Betis está en una fase clave: no de reconstrucción, sino de consolidación. Y en ese punto, tomar decisiones impulsivas suele tener un coste alto. Muy alto.
Porque cambiar de entrenador no es solo cambiar de cara en el banquillo. Es cambiar dinámicas, jerarquías, proyecto y, muchas veces, volver a empezar.
Y el Betis ya sabe lo que es empezar demasiadas veces.
El beticismo corre el riesgo de comportarse como un grande… sin tener todavía las herramientas estructurales de un grande.
Y eso, en lugar de empujar hacia adelante, puede provocar justo lo contrario.
Despedir a Pellegrini no sería un paso adelante. Sería volver a ese Betis que tanto nos costó dejar atrás.
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